El mal de la razón

EL MAL DE LA RAZÓN de Aleksandr Griboiédov

Traducción, comentarios y notas de Oleg Shatrov, 2009 ©

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Vida y obra de Aleksandr Griboiédov

La juventud

La fecha exacta del nacimiento de Aleksandr Serguéievich Griboiédov se desconoce, pues no se ha descubierto documentación oficial que la confirme. Según la fuente que se maneje, se puede ver hablar de los años 1790, 1793, 1794, 1795 y 1796. Pero de acuerdo con la versión aceptada oficialmente[1], nació el día 4 de enero de 1795 en Moscú, en el seno de una familia noble. Su padre, Serguéi Ivánovich Griboiédov (1761-1814), era un oficial retirado y prácticamente no participaba en los asuntos de la casa. La madre de Aleksandr, Anastasia Fiódorovna Griboiédova, ejercía de cabeza de familia. Ella se preocupó, desde el principio, de proporcionarle una educación esmerada y polifacética a su hijo, cuyo primer tutor fue el bibliotecario de la Universidad de Moscú Iván Danílovich Petrozilius; más tarde Aleksandr recibió tutorías privadas de Bogdán Ión y Teófilo Boulé, ambos profesores de la universidad moscovita. En 1803 fue aceptado en el colegio asociado a la universidad, e ingresa en ésta en 1806, es decir, con tan sólo 11 años de edad. Hasta el año 1812 permanece allí, estudiando Letras y Jurisprudencia, con espléndidos resultados.

No es de extrañar que Griboiédov hablara a la perfección numerosas lenguas europeas: el francés, el inglés, el alemán, el italiano, pero también desarrolló mucha curiosidad por las lenguas clásicas y aprendió latín y griego. Posteriormente, llegó a dominar el árabe, el turco e incluso el persa.

Según algunas fuentes[2], John Field, un virtuoso pianista irlandés, consiguió convertir al futuro literato ruso en un gran conocedor de la música. Así, Griboiédov compuso varios valses, dos de los cuales todavía se conservan. En general, el abanico de los intereses de nuestro intelectual fue amplísimo: desde las bellas artes hasta la arqueología y ciencias de la economía. Pero Griboiédov nunca dejó de dedicarse a la literatura. En la universidad escribe algún que otro epigrama. También en su época de estudiante aparece su primera tragicomedia Dimitri Drianskói (Dimitri el Porquerías), en la que satiriza la rivalidad entre los profesores universitarios; la obra no se ha conservado, pero según las memorias de sus contemporáneos, destacaba por una gran agudeza.

En junio de 1812, las tropas de Napoleón invadieron la Polonia rusa y Griboiédov no tardó en entrar voluntariamente en el ejército, engrosando las filas del Regimiento de Húsares de Moscú. Sin embargo, no llegó a pisar el campo de batalla, pues enfermó gravemente y sólo en 1813 pudo desplazarse hasta la frontera con Polonia. El joven oficial estuvo durante dos años haciendo el servicio bajo las órdenes directas del general Kologrívov. Aunque lejos del campo de batalla, Griboiédov pronto aprendió a despreciar los prejuicios mundanos, adquiriendo nuevas costumbres y haciendo nuevas amistades entre los compañeros de cuartel.  Las emocionantes experiencias que vive Griboiédov en Brest-Litovsk le proporcionan abundante material para sus primeras obras publicísticas. Sus artículos Sobre las reservas de caballería y la Epístola desde Brest-Litovsk al editor se publicaron en 1814 en la revista El mensajero de Europa, y este pequeño éxito para siempre atrapó al joven escritor en el mundo de la literatura.

En 1815, Aleksandr se traslada a San Petersburgo donde escribe Los jóvenes esposos, una libre adaptación del drama de Augustin François de Lesser Le secret du ménage. La puesta en escena de la pieza se realizó casi inmediatamente, el mismo año. Las opiniones de los conocedores del teatro fueron muy distintas. Pero tras la publicación en El hijo de la patria de su polémico artículo El análisis de la libre traducción de la balada “Lenora” de Brüger, Griboiédov consolidó su fama como crítico literario.

Nuestro escritor entró en el mundo de la literatura, junto a Pável Katenin, Guillermo Küchelbecker y, por supuesto, Aleksandr Pushkin, como adepto de una nueva corriente estética. Los así llamados “jóvenes arcaístas”[3] defendían la introducción del componente popular en la literatura, su autenticidad. Era una lucha por la liberación de la lengua rusa de las influencias extranjeras y extrañas, por su regreso a los orígenes. Griboiédov se enfrentó a la escuela del Romanticismo de Zhukovski. El análisis… desafiaba todas las afectaciones, abstracciones e imágenes ilusorias y sentimentales.

El inicio de la carrera diplomática

Aleksandr, en el año 1816, abandona definitivamente el servicio militar, pues éste pierde el atractivo que tenía para él al principio de su carrera y empieza incluso a agobiarlo. Para ganarse el sustento, se ve obligado a aceptar un puesto de funcionario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero por lo menos puede dedicarle bastante tiempo a lo que más le gusta: la literatura. Establece relaciones amistosas con otros escritores como Nikolái Grech, Nikolái Jmelnitski, Aleksandr Shajovskói[4]. Pero sobre todo intima con Piotr Chaadáiev[5]. A este último Griboiédov lo había conocido en Moscú, mientras asistían a las clases de Boulé. Aconsejado por Chaadáiev, se hace miembro de dos logias masónicas, donde permanece durante un poco más de un año, hasta 1817.

El joven literato lleva una vida social ajetreada, bulliciosa. En este ambiente, que se podría llamar bohemio, nacen sus nuevas obras teatrales. En 1817 escribe, junto con Katenin, El estudiante,una comedia en prosa; el mismo año sale La familia de ella o la novia desposada, esta vez la autoría la comparte con Shajovskói y Jmelnitski; La infidelidad fingida la escribe con Zhandr[6] en 1818. El vodevil Quién es el hermano y quién es la hermana o un engaño tras otro, una colaboración suya con Viázemski, ya data de 1823. Todas estas piezas dramáticas fueron llevadas a escena, recibiendo una respuesta inmediata y casi siempre positiva del público; aunque es cierto que las representaciones no se hacían a gran escala y muchas veces las asistían los conocidos de los autores y sus familiares.

En 1817, Griboiédov se vio implicado en una serie de duelos, primero como testigo después como participante, en uno de los cuales presenció la muerte del oficial Vladímir Sheremétiev. El duelo ya era una práctica prohibida y penada en aquel entonces y podía minar gravemente la reputación del joven funcionario, pero sobre todo atormentaba a Griboiédov la imagen del herido oficial. Para evitar el inminente escándalo y aplacar los remordimientos, Griboiédov acepta, en agosto de 1818, el puesto de secretario en la misión diplomática rusa en Persia. En invierno de 1819 Griboiédov llegó a la ciudad de Tabriz, donde tuvo que permanecer durante varios años.

El oficio de funcionario y diplomático nunca pudo satisfacer plenamente a Griboiédov, pues no le permitía dedicar a la literatura tanto tiempo como él desearía. Sin embargo, realizaba su trabajo a conciencia y con mucha responsabilidad. Así en 1819 negoció con Persia y consiguió el rescate de los prisioneros rusos, que permanecían en el territorio enemigo desde la firma del tratado de Gulistán de 1813. Más tarde el mismo valoraba positivamente su estancia en el sudoeste asiático, a pesar de numeras situaciones de peligro que le tocó vivir en sus viajes. En Persia, Griboiédov no sólo ejercía de mediador y diplomático, sino también se dedicaba al estudio de la historia, filosofía y literatura antigua, cultivando nuevas visiones acerca de la evolución política, cultural y espiritual de su propio país. Según deducimos de la correspondencia de nuestro intelectual, aproximadamente en esta época, cerca de 1820, nace la idea de escribir su obra más importante, El mal de la razón.

En 1822, Griboiédov fue trasladado a Tiflis y puesto bajo las órdenes del comandante en jefe de Georgia Alekséi Yermólov[7]. Esta época fue bastante beneficiosa para el escritor. En la capital georgiana se respiraba una atmósfera especial gracias al carisma de Yermólov. Éste era un político culto e independiente, su relación con Griboiédov era de mutuo respeto. Además, la lejanía de San Petersburgo, de su ambiente turbulento, estimulaba el afán creador de Aleksandr. Éste se encontró en Tiflis con muchos librepensadores exiliados, también siguió acercándose a las culturas de otros países asiáticos, que desde allí se percibían mucho más cercanas que desde el norte del Imperio.

Las nuevas vivencias inspiran a Griboiédov a escribir sus poemas David (1823), Los predadores de Cheguem (1825) y el fragmento de poema Kalianchi (1821),en los que el estilo y los motivos bíblicos se transforman, llenándose de alusiones políticas y adquiriendo connotaciones subversivas. En Los predadores de Cheguem la poetización del espíritu combativo de los montañeses caucasianos nos muestra el deseo de Griboiédov de descifrar las peculiaridades del carácter nacional de otro pueblo.

En Tiflis Griboiédov escribe los dos primeros actos de El mal de la razón. Pero enseguida empieza a sentir la necesidad de refrescar las impresiones moscovitas para poder pintar con más exactitud los retratos de sus personajes y en marzo de 1823 regresa a la vieja capital, donde introduce importantes cambios en lo que ya llevaba escrito de la comedia. En verano del mismo año, Stepán Béguichev[8] acoge a Griboiédov en su residencia, ubicada en la región de Tula, al sur de Moscú. Allí el autor escribe los dos últimos actos de la obra y en mayo de 1824 lleva los manuscritos a San Petersburgo. En este viaje “de capital a capital” se le ocurre el episodio final, en el que Sofía descubre el engaño de Silencin. Entonces, en San Petersburgo El mal de la razón adquiere su aspecto final.

Sin embargo, todos los intentos de publicar la obra o llevarla a la escena fracasaron. No le ayudaron al autor ni los contactos con los ministros, ni siquiera el príncipe y futuro zar Nicolás I. La comedia, cercenada por la censura, se estrenó en 1831, dos años después de la muerte de su creador, y su versión “representable” se publicó en San Petersburgo en 1833. La primera edición sin recortes ni modificaciones salió en 1858 en el extranjero, y en Rusia tan sólo en 1862. Griboiédov cosechó cierto éxito leyendo El mal de la razón en los salones petersburgueses y distribuyendo sus numerosas copias entre los amigos. La popularidad de la obra iba creciendo por semanas. Su compañero F. Bulgarin consiguió publicar en un almanaque teatral algunas escenas del primer acto y el tercer acto entero, pero el hecho de abreviar tanto la comedia no le favoreció en absoluto y la aparición de esta versión les permitió a muchos emitir sus críticas infundadas y subjetivas. Aún así la gran mayoría de los intelectuales de la época, incluido A. Pushkin, apreciaron la nueva creación de Griboiédov.

El Levantamiento Decembrista

Mientras tanto el ambiente social en Rusia se va caldeando. Tras la Guerra Patriótica de 1812 y una larga persecución del fugitivo ejército francés por las tropas zaristas, surgen nuevos movimientos ideológicos en el país. Más concretamente, en 1813-1814 regresaron de sus periplos por el Occidente los jóvenes aristócratas y oficiales rusos que habían tenido la oportunidad de entrar en contacto con las ideas liberales europeas y ahora su objetivo era reformar de una manera tajante el régimen existente en su patria. En 1821, se funda en tierras ucranianas la organización secreta llamada “Sociedad del Sur”, y un año más tarde aparece en San Petersburgo la “Sociedad del Norte”, las dos integradas por los nobles progresistas[9] que ya habían formado parte de varias agrupaciones más pequeñas.

Lo que demandaban, básicamente, era la abolición del régimen de servidumbre, es decir, la esclavitud, y llamaban a la instauración de un gobierno representativo en lugar de la monarquía. Los métodos de actuación estipulados en el manifiesto de la “Sociedad del Sur” eran mucho más radicales que los de la sociedad petersburguesa. Pável Péstel, el ideólogo de la primera, optaba por el derrocamiento revolucionario del zar[10], mientras Nikita Muraviov, que lideraba la “Sociedad del Norte”, esperaba poder establecer la república a través de una serie de cambios constitucionales. Pero la muerte súbita del zar Alejandro I, que dejaba el trono sin herederos directos, aceleró los acontecimientos y cambió la situación inesperadamente. Ambas organizaciones secretas, que en aquel entonces estaban planeando un posible levantamiento para el año 1826, tuvieron que abandonar las negociaciones y pasar a la acción.

Dos semanas después del fallecimiento de Alejandro, el 14 de diciembre de 1825, treinta oficiales decembristas[11] condujeron a más de tres mil soldados hasta la Plaza del Senado de San Petersburgo con el fin de conseguir la aprobación de una constitución revolucionaria. Al mismo tiempo pretendían impedir la subida al trono de Nicolás I, prevista para esta fecha después de unas cuantas peripecias legales. Pero no pudo ser. Nicolás estaba avisado de los propósitos de los sublevados y la ceremonia había sido adelantada. Los oficiales no supieron dominar las tropas, que ya habían jurado la fidelidad al recién coronado soberano, y fueron cercados y arrestados. La derrota del Levantamiento tuvo unas consecuencias muy trágicas: casi seis centenares de personas acabaron ante el tribunal, cinco decembristas fueron ahorcados (M. Bestúzhev-Riumin, P. Kajovski, S. Muraviov-Apóstol, P. Péstel y K. Ryléiev) y el resto desterrado a Siberia… Entre la plebe que se encontraba en la plaza y cerca de ella cayó casi un millar de personas, abatidas por las balas de la guardia palaciega.

En el terreno social, la revuelta también tuvo su repercusión. Muchísimos intelectuales que eran amigos y conocidos de los decembristas fueron acusados de haber estado implicados en la conspiración y acabaron bajo sospecha. Griboiédov era uno de ellos. Pero hemos de decir que la relación de nuestro literato con los decembristas era bastante peculiar. Él era un individuo realista y bastante práctico, no creía en la violencia y dudaba que el complot fuese a triunfar. Por lo cual, no llegó a formar parte de ninguna de las sociedades secretas. Aunque discrepaba de los decembristas en las formas de la realización de los posibles cambios, compartía muchos de sus ideales y participaba con frecuencia en sus discusiones sobre la situación política y social del país. Este hecho convirtió a Griboiédov en sospechoso y en enero de 1826, tras su vuelta al Cáucaso, lo arrestaron y lo recluyeron en la fortaleza Grozni durante unas semanas. En febrero del mismo año Griboiédov fue trasladado a San Petersburgo para ser juzgado, pero se consiguió demostrar su inocencia, ya que se habían destruido a tiempo las pruebas que lo pudiesen comprometer.

El juez certifica oficialmente la “no culpabilidad” del procesado. Griboiédov vuelve al ministerio y, tras recibir un ascenso en su cargo diplomático, en septiembre de 1826 regresa al Cáucaso, que se estaba convirtiendo de nuevo en el frente bélico: empezaba la segunda guerra ruso-persa. En la zona se producen cambios notables. El general Yermólov, que había perdido la confianza del zar, es destituido[12]. Su lugar ocupa el conde Iván Paskévich. Éste noble, por haber servido en la corte desde niño, era muy mimado por el nuevo zar Nicolás I y estaba haciendo una carrera vertiginosa. Pero en realidad se mostraba como un político poco experimentado e indeciso, entonces Griboiédov tuvo que asumir una gran parte de su responsabilidad.

En mayo de 1827 Griboiédov sigue las tropas rusas hasta Najicheván. En la línea del frente se dedica a conocer al adversario y recopilar los datos que después le servirían para organizar y encabezar las negociaciones con el mando persa. Como fruto de esta peligrosa labor, en la madrugada del 10 de febrero de de 1828, se firma el Tratado de Turkmanchái. El acuerdo, aparte de reforzar las posiciones de Rusia en Transcaucasia y en el mar Caspio, facilitaba la reunificación de los armenios en el territorio del Kanato de Ereván.

El escritor se encarga personalmente de presentar el informe a Nicolás I. Pasando por Moscú, se reencuentra con sus antiguos amigos, incluso hace una visita a Yermólov. El 14 de marzo llega a San Petersburgo, donde le entrega al zar la paz firmada y, al mismo tiempo, recibe una condecoración y un generoso premio monetario, porque las autoridades ya se habían percatado de que su familia se encontraba en una situación bastante precaria.

La última misión

A pesar de los abundantes méritos que el monarca ruso le reconoce a Griboiédov, no deja de sospechar que éste participa del espíritu agitador y sigue recelando de su librepensamiento, por lo cual decide alejarlo otra vez de la capital. Así, el 25 de abril de 1828, al joven diplomático se le impone, literalmente, el cargo de ministro plenipotenciario y se le endosa la tarea de encabezar la misión rusa en Persia. Unos días antes, Griboiédov se lamenta en una de sus cartas a su amigo Béguichev:

Quería deshacerme de esta embajada. El Ministro me ofreció primero viajar en función del encargado de negocios, pero le dije que Rusia debe tener allí un embajador plenipotenciario, para no cederle las posiciones al embajador británico. El Ministro sonrió y no me contestó nada, pues pensaría que mis ambiciones me hacen aspirar al puesto de embajador. Yo, mientras tanto, pensé que había esquivado la tormenta y que alguien con un título más alto que el mío sería el elegido. Pero unos días después, el Ministro me convoca y me anuncia que he sido designado embajador plenipotenciario. ¡Yo no podía hacer nada! Y el mismo hecho de que, a pesar de mi modesto título, me hayan designado embajador plenipotenciario he de considerar como un favor. Sin embargo, presiento que no volveré vivo de Persia…  Allayar Kan[13] es mi enemigo personal, me va a aniquilar.

En agosto de 1828, Griboiédov va a Tiflis, donde contrae matrimonio con Nina Chavchavadze, hija de un amigo suyo, militar y poeta georgiano Aleksandr Chavchavadze. Los jóvenes se habían conocido durante la primera visita de nuestro literato a Georgia en 1822. Después de este primer encuentro, Griboiédov regresó a la casa de los Chavchavadze en numerosas ocasiones e incluso daba clases de piano a Nina. Él mismo comparaba la belleza de la muchacha con la de la virgen de Murillo[14]. Estaba muy enamorado y no se atrevía aplazar ni un mes más el esperado casamiento. A principios de septiembre, los recién casados viajan hasta Tabriz, ciudad en la que se encontraba la mayoría de las misiones diplomáticas extranjeras, y allí fue donde Nina se tuvo que quedar, porque, al descubrir el incipiente embarazo de su mujer, Griboiédov no quiso que continuara el peligroso periplo. A Teherán llegó en enero de 1829.

Los principales objetivos de la embajada rusa, previstos en el arriba mencionado Tratado de Turkmanchái, eran dos: el cobro de las contribuciones de guerra y la repatriación de los prisioneros rusos. Viendo lo excesivo de las cantidades que se le pretendían cobrar a Persia, Griboiédov proponía suavizar las condiciones del convenio, que incluso provocaban un gran descontento entre la población persa. Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores, encabezado en aquel entonces por el conde Karl Nesselrode, no pensaba ceder. El peligro se agravaba por el implacable fanatismo del clero musulmán, que se esforzaba en convencer a las masas de que la presencia rusa en la zona amenazaba a la fe musulmana. A todo esto se sumaban las intrigas de algunos diplomáticos ingleses, cuyo objetivo era provocar un nuevo conflicto bélico entre Rusia y Persia.

A principios de enero de 1829, dos mujeres armenias que habían sido forzosamente recluidas en el harén de un influyente ciudadano persa, pidieron refugio en la embajada rusa, dirigiéndose directamente a Griboiédov. Este hecho sirvió de pretexto a la población teheraní para asaltar las instalaciones de la misión diplomática. Así, el día 30 de enero, el joven escritor falleció a manos de una multitud enfurecida, que no se conformó con su asesinato, sino también se ensañaron con su cadáver[15].

Aunque a Nina Chavchavadze se lo intentaron ocultar durante meses, al recibir finalmente la trágica noticia, no se pudo evitar el parto prematuro y la muerte del hijo.

El cuerpo de Aleksandr Griboiédov, tras una serie de dificultades de carácter diplomático, fue trasladado a Tiflis y, el 18 junio, lo sepultaron en el pequeño cementerio de la iglesia de San David, a los pies de la montaña Mtatsminda. Hoy en día, este lugar se ha convertido en un panteón, donde descansan los restos de muchos literatos georgianos.

Para tapar el escándalo y amainar la furia del las autoridades rusas, el shah envió a San Petersburgo numerosos regalos, entre los cuales estaba el mítico y valiosísimo diamante “Shah”, que actualmente forma parte de la colección del Fondo de Diamantes del Kremlin de Moscú.

Otras obras de Griboiédov

Los últimos años de su vida Griboiédov los dedicó no sólo a las labores diplomáticas, sino también a una intensa búsqueda artística. En su Fragmento de Goethe (1825) descubrimos una disposición romántica, a la que se mostraba ajeno en la juventud. Se trata de una traducción libre o, mejor dicho, de una reinterpretación del Prólogo en el teatro de Fausto. En el Fragmento de Goethe se rinde tributo a la libertad de la fantasía en cuanto base de la creatividad, mientras el pensamiento inspirado del poeta representa una verdad absoluta y tiene valor por sí mismo. El autor se acerca a la estética de los decembristas, a la idea de la libertad y pureza espiritual del poeta, al concepto del poeta como un elegido. El figura del poeta se opone diametralmente a las “masas”, pasivas e indiferentes a las turbulencias vitales.

El acercamiento al romanticismo se revela de maneras distintas en los poemas de Griboiédov escritos después de la derrota de los decembristas. En Allá donde serpentea Alazani (1826) la imagen de una Georgia real se solapa con la de la “tierra mágica” de los románticos. Para la creación de una utopía poética se borran las fronteras entre la realidad y la quimera. El poema Perdóname, patria, escrito en el último año de su vida, nos habla, en cambio, sobre la destrucción del sueño de la libertad y de la armonía por las leyes de la vida, totalmente ajenas a la voluntad del hombre.

El dramatismo profundo de los motivos románticos que penetra en la obra de Griboiédov se imprime no sólo en su lírica: la búsqueda dramática del escritor se orienta en una nueva dirección. El escritor amplía sus experiencias en la creación de la tragedia romántica e intenta enlazar las formas estilísticas y composicionales de este tipo de dramaturgia con el tratamiento analítico de la historia, con la revelación de las contradicciones sociales y con una honda reflexión sobre el destino del pueblo. En la tragedia Año 1812[16] ―probablemente pensada antes del levantamiento decembrista― tal fusión de distintos motivos tenía que ayudar al desarrollo de un tema heroico-popular, contrastado con la denuncia de las injusticias que suponía el régimen de servidumbre en Rusia. El contraste iba a desembocar en un conflicto trágico, culminado con el desenlace: un simple campesino, al regresar de la guerra con Napoleón, debe volver bajo el poder de su antiguo señor, pero no aguanta la tiranía de éste y se suicida. Aquí, la tensión dramática se combina armoniosamente con la predilección por lo épico. Destaca el intento que hace el autor por enfocar el drama en el destino no tanto de un personaje concreto como en el de toda una nación.

Otro testimonio de la creatividad innovadora son los fragmentos de la tragedia Una noche georgiana, que Griboiédov habrá escrito alrededor de 1828. Aquí, el protagonista es un hombre de pueblo, cuyo destino refleja la singularidad de la historia nacional. Griboiédov busca intencionadamente los efectos que produzcan el colorido local. Una característica precisa de la situación histórico-social es inseparable de la fantasía típicamente romántica que, en Una noche georgiana,se basa en la tradición folklórica. El trabajo sobre un argumento legendario abre ante Griboiédov nuevas posibilidades: el conflicto dramático incluye unas fuerzas mágicas y se le presenta la oportunidad de plantear el tema de la justicia universal.

En el borrador de la tragedia Radamisto y Zenobia ―escrito después del fatídico 14 de diciembre― también utilizó motivos orientales. Pero en este caso el colorido local y la veridicidad histórica no se entreveran con símbolos ni invenciones: la interpretación de los hechos históricos se atiene únicamente a los fines políticos. El borrador conservado descubre las simpatías republicanas de Griboiédov, también se entrevé la denuncia el severo despotismo, que gobierna en el mundo real mientras la justicia y el honestidad le resultan innecesarias a la despreocupada mayoría. A la atmósfera de la esclavitud se le opone una individualidad solitaria y rebelde (“el ciudadano del nuevo siglo”), pero ―al parecer― lo que persigue Griboiédov no es sólo esta antítesis romántica. El borrador muestra el esfuerzo del escritor por analizar las experiencias políticas del decembrismo y sintetizar las conclusiones necesarias de su fracaso.

Los esfuerzos de Griboiédov no son vanos y parecen sintonizar con el espíritu de la época literaria que estaba por venir, una época en la que se acercan y se solapan las tendencias realistas y las románticas. Pero, desgraciadamente, todos estos esbozos quedaron sin realizar.

La única obra de Griboiédov que tuvo la suerte de ser editada y ampliamente conocida es El mal de la razón. Además, esta comedia se ha convertido con el tiempo en una de las más altas cúspides de la cultura rusa. La influencia de El mal de la razón sus más variadas esferas. Griboiédov llenó con sus aforismos el habla rusa cotidiana, los nombres de los personajes se han convertido en estereotipos de las características éticas y psicológicas de individuos reales. El mal de la razón ha influido notablemente en el desarrollo del pensamiento político y social de varias generaciones. Los motivos y la estilística de la comedia alimentaron la obra dramática de Pushkin, Lérmontov, Gógol, también se reflejaron en la prosa de Turguéniev, Goncharov, Ostrovski, Saltykov-Shedrín, Dostoievski, y L. Tolstói.


[1] Véase Literatura rusa, (1975): 8, pp. 152-154;

[2] Véase Piksánov (1929).

[3] Véase Tyniánov (1926);

[4] Nikolái Ivánovich Grech (1787-1867): periodista, escritor, miembro de la Academia de las Ciencias. Junto con Bulgarin dirigió las revistas El hijo de la patria y La abeja del norte. Tras 1825 abandonó las posturas liberales. Sus Memorias se editaron en 1889.

Aleksandr Aleksándrovich Shajovskói (1777-1846): académico y dramaturgo, uno de los reformadores del teatro ruso.

Nikolái Ivánovich Jmelnitski (1789-1845): dramaturgo y comediógrafo ruso.

[5] Piotr Yákovlevich Chaadáiev (1894-1856): filósofo, escritor y periodista ruso. Es una figura cuya biografía nos puede ofrecer la clave para la interpretación de El mal de la razón. Tras salir de la Universidad de Moscú en 1811, Piotr lucha en la guerra contra las tropas napoleónicas, pero en 1821 abandona el ejército y se une a los decembristas. Entre los años 1823-1826 viaja por Europa, empapándose de las ideas filosóficas progresistas, y, al regresar a Rusia, publica sus Cartas filosóficas en la revista El telescopio. En estos escritos están presentes la crítica a Rusia y su ortodoxia, la admiración por la cultura occidental y el reconocimiento del carácter singular de la cultura rusa y la presencia de un elemento “asiático” en su naturaleza. Sus trabajos marcan el inicio de la división del pensamiento ruso entre eslavófilos y occidentalistas. La publicación produjo un grandísimo escándalo. El zar Nicolás entregó inmediatamente el caso a la policía: el editor fue desterrado, el censor oficial despedido y a Chaadáiev se le declaró… loco y se le internó por varios meses en un manicomio.

[6] Andréi Andréievich Zhandr (1789-1873): dramaturgo y político, amigo de Griboiédov.

[7] Alekséi Petróvich Yermólov (1777-1861): político y militar ruso, que, tras hacer una brillante carrera, fue acusado de ser simpatizante de los decembristas y depuesto en 1827 por el mismo zar Nicolás I.

[8] Stepán Nikítich Béguichev (1785-1859): ex militar, uno de los primeros integrantes del movimiento decembrista. Era un amigo íntimo de Griboiédov, su casa era un sitio de reuniones de los jóvenes intelectuales moscovitas. Dejó unas Memorias sobre A. S. Griboiédov, publicadas en el Mensajero ruso en 1892.

[9] Griboiédov había conocido a muchos de los decembristas tanto en la universidad como en las reuniones que organizaba su tío Alekséi. Fueron amigos suyos los hermanos Muraviov, Vladímir Raievski, Serguéi Trubetskói, entre otros.

[10] Pável Péstel estaba fuertemente influenciado por los acontecimientos españoles de 1820 y la política de Rafael de Riego, que dio inicio al Trienio Liberal en la Península.

[11] La denominación decembrista es un calco del ruso декабрист que a su vez proviene de la palabra декабрь ‘diciembre’, por la fecha de la fracasada sublevación.

[12] El 2 de enero de 1826, Yermólov recibió una orden ministerial, según la cual tenía que arrestar a Griboiédov, interviniendo todos sus papeles, que posteriormente servirían de prueba en el juicio. Sin embargo, no apareció documentación alguna que pudiera comprometer a Griboiédov y demostrar su relación con el Levantamiento Decembrista. El general debió haber avisado al escritor y por eso fue retirado del puesto.

[13] Allayar Kan: primer ministro de Persia de aquel entonces, yerno de Fatali Kan. Era gran enemigo del acercamiento de los dos estados, y, tras la participación de Griboiédov en la firma del Tratado de Turkmanchái, le declaró –como reconoce el autor– su enemigo personal.

[14] Véase A. M. Skabichevski (1893).

[15]  Véase: Vatsuro, 1997.

[16]  Sólo se conserva un fragmento del borrador de esta obra.

ESTA EDICIÓN
La presente edición es traducción original y directa del texto de El mal de la razón
reproducido en GRIBOIÉDOV, A. S., Obras completas en tres volúmenes, edición del Instituto
de la Literatura Rusa de la Academia Rusa de las Ciencias (Casa Pushkin), San Petersburgo,
Notabene, 1995, volumen 1.
Текст подготовлен и переведѐн по изданию ГРИБОЕДОВ А. С. Полное собрание
сочинений: В 3 т. / Редкол.: С. А. Фомичев (гл. ред.) и др.; Росийская академия наук.
Институт русской литературы (Пушк. дом). — СПб.: Нотабене, 1995. Т. 1. Горе от ума /
Подгот. текста и коммент. А. Л. Гришунина.
Título original de la obra: Горе от ума

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